8 July 2007

Terroristas de clase media

En su libro The Islamist, Ed Husain explica qué lleva a un profesional musulmán a unirse a un grupo radical terrorista. Y qué le lleva, al cabo de un tiempo, a dejarlo.

Al cumplirse dos años del atentado de Londres, el Telegraph reflexiona sobre este fenómeno que sorprende en Occidente. Los terroristas islámicos no son un grupo de desarrapados radicales, con infancias terribles y vidas difíciles. Se trata de ingenieros y médicos de clase media, adoctrinados en el Islam más radical, pero con formación y visión del mundo como para elegir otra cosa.

En el caso de los terroristas islámicos, la fe mueve montañas o lo que se tercie, pero a golpe de bombas y con inocentes muertos por delante.

Lo encontré vía Samizdata, quien compara el terrorismo islámico al del IRA y al de ETA. Bueno está.

Sólo cuestionar que haya puntos de encuentro, medios caminos o concesiones en el caso de ETA, como cree Perry de Haviland.

5 comments:

Halcón said...

Pues yo creo que tampoco hace falta comerse mucho la cabeza con este tema. Si partimos de que el Islam es una religión en la cual la separación de poderes no está permitida (ley/sharya y fe van en el mismo paquete y son inseparables) y además obliga a la yihad o guerra santa contra los infieles, con un cielo lleno de huríes vírgenes para los que se inmolen en nombre de Alá, pues entonces el resultado es más que previsible.

CLD said...

¿Cómo pensáis los ancaps que hay que luchar contra el yihadismo, si cualquier medida policial la tacháis de represora, avance del estatismo, etc? La pregunta no es retórica, agradecería una respuesta no irónica. Sinceramente, este blog me parece de lo más interesante, aunque como liberal-conservador, no coincido con ciertas posturas de Mary u otros.

Mary White said...

CLD, gracias por lo que dices. La pregunta es muy controvertida. No creas que hay una doctrina ancap cerrada, ni que resuleve todos los p`roblemas... como tampoco lo hace ni la social-democracia, ni lo haría un gobierno menor y más limitado. Y no lo digo porque tenga una bola de cristal, es por lo complejo de las relaciones humanas.
En principio, sin hablar en nombre de nadie excepto en el mío propio, el tema del Islam no está resuelto. No lo está porque los islámicos no hablan claro. Para mi, siguiendo el principio de no-agresión, un grupo amenaza directamente mi territorio (han amenazado occidente y en concreto han sacado el bonito tema de Al-Andalus), y estoy en mi derecho de tomar las medidas que me parzcan para evitar que se cumpla la amenaza. Como por ejemplo,prohibir la entrada a cualquier islámico. Tal cual.
Ahora bien, resulta que "no todos son terroristas"... y que hay pactos de estado (no en mi nombre, desde luego), que bloquean la toma de decisiones...
Hay gente que no lo ve así, y te dicen que hasta que no haya un ataque directo... para mí, la amenaza directa (y el atentado de Madrid no se me olvida, eso es ataque directo) es suficiente.
Y sé que igual soy my radical porque entre los islámicos que entran en España hay buena gente. Indudable, seguro que sí. Pero mientras los terroristas se diluyan tan bien entre la población y mientras los líderes islámicos en España no muestren una postura clara, creo que es la única alternativa.
Insisto: hablo solamente por mi.

CLD said...

Gracias por la pronta respuesta. No puedo estar más de acuerdo en lo de prohibir la entrada de islámicos. Lo que dudo mucho es que a estas alturas eso vaya a ser suficiente. Ahí es donde pienso que la crítica radical al Estado no es oportuna. Lo malo es que, dada la naturaleza humana, no creo que lo vaya a ser nunca.

Stewie Griffin said...

Estupenda respuesta María, yo creo que (digan lo que digan los gobiernos colaboracionistas como el de ZP y queramos o no)estamos en guerra. El problema es que es un enemigo huidizo este "charli" del s.XXI.

Ancaps, no olvidemos que vivimos en un contexto estatalista y que debemos exigir a los Gobiernos (que son los monopolíos de la seguridad a día de hoy) que tomen las medidas que tomaría cualquier agencia de seguridad.

No creo en la fe ciega del "mercado proveera" para determinadas cosas.