3 June 2007

La gestión pública del Ejército también es ineficiente

Hoy es el Día de las Fuerzas Armadas. La 2 retransmite el desfile desde León. Toda una exhibición. Pero ¿de qué? ¿del poderío militar español? Obvio que no.

¿Es un homenaje al propio ejército? El ejército, que es la institución que representa el monopolio de las armas por parte del Estado con la excusa de la defensa nacional, ni siquiera es autónomo, depende de la política internacional, de las decisiones de la ONU o de Estados Unidos, carece de medios, los que tiene, por lo que cuentan los propios militares, están mal gestionados, y poco a poco pierde el sentido de su propia existencia porque ante un ataque exterior serio no nos defiende porque no puede.

La incorporación de la mujer a las fuerzas armadas es la nota distintiva del ejército de nuestra era, según dice orgullosa la locutora. España es el país europeo con más mujeres militares. En breve alguna loca colectivista pedirá paridad. Es una muestra de que los militares son otra variable política más, solamente. Eso con independencia de la discriminación positiva, pero discriminación que implica que las pruebas para ingresar en las academias militares favorecen a las mujeres.

La reina no bosteza porque tiene entrenado el gesto, el rey charla con Felipe, y las autoridades cuentan los segundos para que acabe el acto. La defensa nacional representada en veinte minutos. Y la gente que se lo cree, que nos ataquen que se van a enterar.


¿No hay otra manera? No sé cómo sería la gestión privada de las fuerzas armadas, pero la pública hace aguas. Y mire que lo siento por los militares.

10 comments:

Libertas said...

¿En que debería diferenciarse la gestión pública del ejército de la de la sanidad o la educación en términos de ineficiencia y corrupción?
Pd. ¿alguien va a comentar la charla de Valín el otro día en el IJM?
Es que no pude pasarme y me interesaría mucho.
Un saludo.

aquiles said...

La gestión pública del ejército es nefasta, pero como toda gestión pública de algo. Pero no estoy seguro de que una gestión privada la mejorara. En el ejército se realizan una serie de inversiones que no son para nada rentables, y por lo tanto como entidad privada haría aguas.

Yo sigo defendiendo la titularidad pública del ejército, pero lo sometería a una reforma de arriba a abajo.

ISIDORO LAMAS INSUA said...

Si se parte de la inexistencia de la necesidad de defensa nacional es lógico ver como inútil al ejército pero es resulta inconsistente abogar por su sustitución por entes privados. Para evitar esto, se supone, se reformula el concepto de seguridad nacional mutándolo en una suma de defensas privadas. Cada sujeto tendría acceso a su propia seguridad. Dicha seguridad previsiblemente la dotan empresas privadas al efecto. La cuestión es: ¿cuál es el negocio? ¿Cuáles son las consecuencias de que el capital militar esté ocioso? ¿Es siquiera imaginable un ejército privado respetuoso de la propiedad? Mi respuesta a todo ello ha sido y es que no, al menos pensando en medio-largo plazo (en las guerras entre grupos mafiosos hay períodos de paz en el que todos respetan a todos; por poco tiempo claro).

El impulso humano hacia la política o por llamarla de otro modo: cierto tipo de empatía agresora, hace que las consideraciones equilibristas sobre las cuales un poder militar "policéntrico" en manos "privadas" sean completamente delirantes y a corto plazo consistentes en un pacifismo buenista no fácilmente disimulable. Pacifismo éste al que si le añadimos una pequeña dosis de dialéctica antiestado basada en la concepción absoluta del derecho de propiedad obtendremos una "ideología" colaboradora con los enemigos de la libertad y partidaria, en su apología del feudalismo, de la sociedad cerrada. No es que sea socialista quien defienda tales concepciones, no, lo que es algo no mucho mejor que un hippie o cualquier otro ser análogo: esto es, una persona completamente indiferente por el destino del prójimo y que a la larga está condenada a ser aniquilada junto (o por) ese prójimo. Es una mentalidad absurda, una mentalidad aislacionista de corte extremo que conduce a análisis inútiles como el que aquí se muestra: afirmar que el ejército español es deficiente y sugerir para arreglar la cuestión se precisaría el disolverlo o puede que reinstaurar el régimen señorial. Un análisis serio, si si, que obvia cualquier detalle militar claro... como sería la necesidad de dotar a las fuerzas armadas de un perfil más agresivo y especializado en lugar de seguir apostando por convertirlo en una ONG o en un depósito de retrasados mentales. Y es que, señorita Blanco... a los españoles el ejército aún nos sirve para mucho: como por ejemplo estar preparados para una agresión marroquí o para en un futuro mantener el orden en los guettos musulmanes que se formarán/están formando. Casi nada.

Salud y libre comercio

Marzo said...

Hombre, Isidoro, ¿por qué no intentas fingir un poco mejor que lees lo que se supone que estás criticando? Pero parece que tu imaginación es selectivamente activa.

Porque María no ha empezado, ni terminado, ni pasado siquiera, por la inexistencia de la necesidad de la defensa nacional. Antes bien, parece lamentar que el Ejército (público, por supuesto) que tenemos no ofrece perspectivas de satisfacer esa necesidad (El ejército [...] poco a poco pierde el sentido de su propia existencia porque ante un ataque exterior serio no nos defiende porque no puede).

Pero, si a ti te sirve el ejército para lo que dices, a lo mejor es que eres menos exigente que ella.

Mary White said...

Libertas, haber venido :P

El tema de la defensa no es algo que pueda dirimirse entre cuatro seres pensadores. La guerra como tal ha cambiado, o ha variado su tipología, ahora hay más tipos de guerra, y el ejército debería cambiar de forma paralela.

Realmente tenemos un ejército imperial policéntrico, y el que no quiera verlo, pues que no mire. Pero creo que si Estados unidos empieza una guerra por razones verídicas o inventadas, justificadas o no, todos vamos a ir detrás con una u otra excusa.
Los ejércitos privados, si son eficientes, también podrían unirse a los demás en caso de un ataque no nacional, más amplio. Existiría la cooperación.

El ejemplo del feudalismo, o indica un desconocimiento absoluto de las diferencias entre el feudalismo y la era industrial (y no hay más que coger los libros básicos, por ejemplo de Cipolla), o se refiere a un aspecto demasiado restrictivo (el de ejércitos privados) y como digo, la guerra es distinta.

Dedicar al ejército a problemas de orden público como lo de los guettos es ignorar la existencia de una institución que se llama policía y que supuestamente sirve para eso. La policía me parece más claramente privatizable, por cierto.

Hay grupos paramilitares privados contratados por el gobierno de algunos países (USA, por ejemplo) que funcionan.
No abogo por una defensa privada, no lo tengo claro. Pero no lo rechazo. Ambas opciones tienen sus problemas pero, como dijo Valín en su charla, la privada permite soluciones mucho más imaginativas.

Y eso no es feudal, es inteligente, señor Lamas.

ISIDORO LAMAS INSUA said...

Señor Marzo, como ya viene siendo habitual en usted parece sólo querer echar mano del "agrupemos la file" para responder siquiera a la más leve de mis anotaciones en cuanto a la problemático antiestatal que promueven los ancaps por la blogosfera. Al igual que otros usted no tiene mucho recato en sugerir, por su tono, el que debería callarme o que lo que digo procede de una suerte de problema. Todo ello sin argumentar nada en contra: nada. A lo más que llega, o ye le he visto llegar, es a balbucear algún aserto absolutista sobre la propiedad: asertos con los que los buscadores de certezas de tantos sitios parecen dar por suficientes para negar la respuestao la ciencia, si toca.

Dicho lo anterior procedo a rebatir su escuálido comentario. A ver... resulta que defender un ejército privado, sea de frente o de perfil, constituye la negación de la defensa nacional en tanto la consecuencia de los ejércitos privados se conforma de acuerdo a los patrones históricos habituales y el desarrollo natural de poner poder coercitivo en muchas manos. Yo puedo defender formalmente el derecho absoluto a la vida y ponerle tantas excepciones que al final me torne en un defensor de la muerte: igualmente se encontraría doña María si para defender una mejor defensa nacional aboga por la privatización de los ejércitos (como desde luego claramente sugiere). Pero vamos, tengo tiempo y si quiere usted podemos jugar al corre corre que te pillo con el clásico escapismo mata-conversaciones en el que un extremista trata de enmascarar su extremismo ora sí ora no según le convenga. Pero... aquí nos conocemos todos.

Salud y libre comercio

ISIDORO LAMAS INSUA said...

Vaya sarta de superficialidades... ¿Cómo puede usted pretender equiparar su imaginaria confederación de agencias aseguradoras ancaps con el establishment onusiano? ¡Ah!, por cierto: el único ejército que hay en el mundo occidental es el norteamericano, los demás le obedecen o poco más. Así que hablar de varios ejércitos es algo aventurado: tal vez si dijese ONGs estaría más en lo cierto.

"Hay grupos paramilitares privados contratados por el gobierno de algunos países"

Un grupo paramilitar es por definición un ejército paralelo al de un estado, esto es: que está fuera de su cadena de mando. A lo que se refiere usted es a milicias o mercenarios, elementos combativos que siempre han estado presentes en los ejércitos: incluso en los nacionales (el enganche en filas era más lucrativo en la mili si te metías voluntario o si ibas de mercenario a alguna misión del ejército). Esos grupos no funcionan bien por ser mercenarios sino que son muy heterogéneos (históricamente se podria decir, por otro lado, que los mercenarios son pésimas unidades de combate en guerras interestatales) y si funcionan a los EEUU será entre otras cosas porque están bajo su cadena de mando.

Hay una radical diferencia entre la descentralización administrativa y la descentralización del poder, como señaló en su dia Tocqueville. Ninguna nación puede sobrevivir sin una centralización del poder y no imagino mayor descentralización de dicho poder que el entregar el ejército a una cadena de mando privada y separada. Y, conociendo a Valín y las ideas ancaps, es ese y no otro el modelo de ejército que se sugiere al hablar de "privatizar el ejército". Digo esto porque el permitir que las unidades ataquen más libremente o sigan directrices de entrenamiento diferentes es algo que se hace ahora y se hizo en un pasado: eso no sería privatización alguna. Tampoco lo sería el que la recluta de soldados fuese dejada a particulares, ya se hizo en el pasado. El problema es la cadena de mando, quién paga en definitiva y quien ordena. Si ordenan muchos no puede hablarse de ejército y si unos pagan y otros "pueden no pagar" estamos en lo mismo. No le voy a exigir que lea a Clausewitz o a Liddell Hart porque supongo que usted misma, señorita María, podrá comprobar que la unidad de mando es esencial para llevar a cabo un programa bélico o una campaña militar: una victoria táctica es inútil si no hay plan estratégico como inútil es el plan estratégico si no se deja cierta libertad a la táctica que elaboren los mandos intermedios. Si se corta la cadena de mando el ejército pasa de ser un ejército a ser una joint venture de hombres armados que en un buen momento decidirán no luchar, desertar, obviar las misiones y dedicarse al saqueo o conspirar contra el gobierno. Eso se consigue cuando se desvincula a tropas armadas de todo mando o gobierno. Negar ello es darle la espalda a la historia y darle la espalda a la lógica política que emplea el ser humano.

Utilizar al ejército para reprimir a la población es una práctica habitual contra sediciones urbanas o alzamientos regionales. Generalmente la policía no es de fiar porque tiene peor equipo, peor entrenamiento y es demasiado cercana a la población a la que tendrá que reprimir. Cualquier vistazo a Israel o Líbano hará comprender lo necesario que puede llegarnos a resultar el ejército si una comunidad grande de musulmanes se agrupa en alguna parte de nuestro país. Precisamente porque esto es así la policía, como usted bien dice, sí es más fácilmente privatizable.

Y creo que feudalismo es una buena manera de llamar a un (des)orden político en el que hay ciudadanos que poseen ejércitos y otros que no... Eso crea unas posibilidades "imaginativas", como diría Valín, nada despreciables que van desde el latrocinio a la violación pasando por la extorsión.

Salud y libre comercio

Mary White said...

Es decir, no tiene ni idea de lo que fue el feudalismo. No me sorprende.

¿Qué le lleva a la brillante conclusión de que un ejército público respetará la propiedad privada y uno privado no? Un ejército privado respetará lo que el que pague diga. Si un soldado actualmente viola la propiedad privada de un ciudadano ¿cree que le pasa algo (malo) necesariamente?
Que hay un único ejército que es el americano es la idea que subyace a mi comentario... si usted quiere leer otra cosa, estupendo, igual que si decide llamar feudalismo a un sistema en el que hay personas con ejércitos y otros que no. Exhiba su ignorancia. También puede llamarle noche al día y al revés. Soy respetuosa de la libertad de expresión.
De todas formas, después de ller sus comentarios uno parece entrever que tal vez la medida más eficiente para usted sería no gastar nada en ejército y pagar ese dinero a Estados Unidos, único ejército.
Por otra parte, ¿le parece que la inseguridad en Israel es similar a la de España o que vamos a llegar a ese estado de semi-guerra permanente? Está usted hecho todo un agorero.
Y respecto a Valín... tengo que decirle que es aún peor de lo que usted se imagina. El terror de los mares. Ni se imagina el miedo que da...

Anonymous said...

Las guerras no siempre las ganan quienes las provocan; pero siempre las pierden aquellos ejércitos que están conformados por soldados con distintos derechos.

Pablo el herrero

Marzo said...

Señor Isidoro: veo que su imaginación, como la memoria de Estrepsíades, funciona de dos maneras. Para imaginar un ejército privado respetuoso de la propiedad, fatal; para imaginar lo que sus interlocutores sugieren, estupendamente. Por mi parte, me abstendré de seguir en este caso la sugerencia imaginaria que, por las muestras, se atribuiría usted a sí mismo de ser yo usted y usted yo, y no me callaré.

Tiene usted, señor Isidoro, cierta tendencia a replicar a los anarquistas conocidos o por ustedsospechados con diatribas contra el anarquismo, aunque lo que digan no sea específicamente anarquista. No es imposible imaginar que Jorge Valín o Juan Ramón Rallo afirmen que dos y dos son cuatro y que usted les replique, indignado, que es muy típico del anarquismo ese peligroso absolutismo de la arimética, que resulta al fin tan liberticida como el socialismo, si no más. Si esto procede —como imagina usted que sugiero— o no de algún problema suyo no es asunto que me concierna; pero el que se dé me concierne en la medida en que prefiero leer argumentos buenos a argumentos malos, y esta tendencia que advierto en usted, a mi juicio, empeora los suyos.

Si quiere leer en lo que le escribo alguna sugerencia, pues, le sugiero que lea alguna más próxima a mi intención. A saber: opóngase usted en buena hora al anarquismo, si le cumple; pero, si no le es mucha molestia, hágalo con argumentos mejor traídos y llevados.

Y replicar a un argumento del tipo "este ejército gestionado públicamente no parece muy adecuado para su función declarada; ¿sería necesariamente peor uno de gestión privada?" con un "¡lo que usted pretende, so anarquista, es privatizar el ejército porque no quiere que se cumpla su función declarada!" puede ser, en cierto sentido, imaginativo; pero bien traído no me parece.

(Espero recordar no volver a tutearle, ya que parece que le ofenda; pero no le garantizo nada mas allá de esta hebra, pues tiendo a despistarme. Tenga usted en cuenta, por otra parte, si lo tiene a bien y no lo olvida, que en mi caso el "Marzo" no admite "señor"; "Marzo" a secas está bien).