23 February 2008

Día de asueto: la luna roja

Sin que sirva de precedente, hoy voy a hacer un pequeño paréntesis. La semana ha sido dura en el trabajo y en lo demás, y necesito un respiro.

Esta semana de luna roja ha sido especial para una persona en particular, que se ha batido en duelo, entre sonrisas y chascarrillos, con una dura adversaria. Dice el autor de A Vuelapluma, al hilo de la noche del eclipse,

Siempre llueve la noche antes de la batalla. Dicen que también llovió sobre las murallas de Troya la víspera de su caída, la misma noche en la que Odiseo tejió el ardid, un atisbo de cáncer, que arrasaría el imperio troyano desde sus entrañas. Porque las noches de lluvia son el descanso del guerrero. El combate se paraliza. Cada cual se retira a su cubil, depone las armas con las que porfía jornada tras jornada y firma una tregua consigo mismo. Bajo el ensueño del repiqueteo del agua, a la hora en la que los solitarios se lamen las heridas y los gatos duermen enroscados, el cristal de la ventana, cegado por las sombras de afuera, también nos devuelve, sin paliativos, nuestro verdadero rostro, que a uno nunca le termina de parecer perfecto, porque nada puede ocultarse a sí mismo. Esa cara que nos escruta entre las sombras al otro lado del cristal nos mira con ojos acusadores, desenterrando viejos fantasmas, y nos recuerda, una vez más, que estamos solos.

Llovió antes de la batalla también esta vez y mi amigo aprovecho ese momento de soledad interior para revestirse de coraje. Y no escatimó...

El caso es que la luna roja del eclipse, que a otros nos secuestra y nos lleva a pasar un rato con nuestros fantasmas, a él le infundió de heroicidad. Es gracioso que días antes, el propio protagonista de la historia se entretuviera intentando distinguir entre un héroe y un superhéroe, reflexionando sobre el significado actual del superhombre y el superhumano.

Yo creo que la función real del superheroe, y válgame el topicazo, es la de enseñar. Un superheroe es un hombre valiente, comprometido con la sociedad, que lucha por la libertad y el bien, y siempre trae esperanza al menos favorecido. Entonces, después de esta reflexión ¿Estamos ante un superhombre o ante un superhumano?

Por culpa de estas palabras me asomé, de nuevo, a Los Héroes de Carlyle y le vi allí, a mi amigo, al del sentido del humor como arma suprema, rondando entre los Grandes Hombres:

Las jóvenes generaciones del mundo, que poseían la lozanía de los niños y la madurez de los hombres maduros, que no pensaban haber acabado con todas las cosas del cielo y de la tierra con sólo aplicarles nombres científicos, sino que habían de mirarlas directamente como eran, con temor y maravilla, sentían mejor lo que es la divinidad en el hombre y en la Naturaleza.

En la mazmorra de la noche de insomnio, pensaba en la luna roja, en la fragilidad y la fortaleza de los héroes, y me dejaba mecer por la melancolía. Algunas personas se suben a la vida como a una cinta transportadora del Metro. Te lleva sin que tu hagas nada, mientras escuchas alejarse el violín inmigrante, mientras otros te adelantan por tu izquierda sin mirarte, sin preguntarse por qué no avanzas por ti mismo y sólo te dejas llevar. Para mi, que no soy heroína, ni superhumana, sino que me identifico más con las palabras de Hierro (esta cabeza ha saboreado licores negros, ha mordido panes amargos, frutos podridos), la vida es como una hilera de hormigas que, como personas, camina sin mirada, sin voz, sin boca, siguiendo el reguero de sudor de los demás, persiguiendo inconscientes el olor a sucio, a quemado, que lo invade todo aquí abajo, donde los colores palidecen de asfixia.

Y en medio de todo eso, yo no puedo dejar de plantearme seriamente dónde estoy respecto a algo, respecto a cualquier cosa, como quien va a la guerra, a una guerra que no es una lucha por la opulencia, por el dominio de lo ajeno, sino una defensa de mi propio territorio, de mi propia esencia. Me cuesta menos cuando me encuentro un compañero de viaje que lleva su alforja con la alegría y la valentía de mi amigo. A lo mejor todo es así de sencillo, a lo mejor queda algún Gran Hombre por el mundo...

Después de la luna roja, me han contado que este gran tipo aún sigue en plena guerra, pero está ganando todas las batallas. Todas.

Sigo con los dedos cruzados...


6 comments:

Anonymous said...

¿Cuantas veces has puesto a un gran hombre en un platillo de la balanza y en otro tu propia esencia?
¿Cuantas veces has preferido mantener ese territorio y esa esencia por encima de cualquier consideracion?
¿Cuantas veces has despezado a un gran hombre para ver si lo era realmente y mas tarde no lo has podido recomponer?
¿Crees que se puede beber agua y no mojarse?

Mary White said...

1.- alguna, y no siempre he ganado yo, o mejor, porque he aprendido y evolucionado, todas las veces he ganado yo,incluso cuando al final ya no era la misma de antes
2.- alguna,pero no todas, ver R/1
3.- nunca, ni a un hombre ruin tampoco.
4.- no, no lo intento tampoco

Clandestino said...

Héroes de ensueño. Héroes mitológicos. Héroes que simbolizan todos nuestros 'inalcanzables'.

Nos cuesta reconocernos héroes. No reconocemos al héroe que dosifica su gran valor en dosis ineludibles en la exigencia de sobrevivir cada día. El valor vulgar cotidiano, del ser vulgar y mediocre en el vestir, en el andar, en el ser, que padece con el frío o el hambre y se arruga cuando presiente sus debilidades o abhelos que le superan. La vida diaria llena los pasillo de la vida con héroes vencedores de mil batallas. Héroes mezquinos, cobardes, sucios, feos, torpes, deformes, olvidados...que solo activan su poder anímico ante los límites de la adversidad circunstancial amplificando los propios límites de sus debilidades lo justo para salvar el pellejo, mostrando todo su miedo y temblores tras su monumental hazaña, a veces, firmada con el rastro de sus fluidos, libres en la incontención de su pánico.

Adoramos y nos rendimos al héroe mítico. Imaginario. Guapo, inteligente, hermoso, fuerte, valiente y leal defensor de los necesitados, del bien, con un impecable decoro y atento galán con las damas. A ese que fabrica el subconsciente en la necesidad de negar cualidad de héroe a alguien tan insignificante como nosotros mismos, siendo nosotros mismos los únicos héroes de carne y hueso que conoceremos en toda nuestra vida. Porque de nosotros hacia fuera, no existen otros héroes. Nosotros somos, cada uno, nuestro único principe azul de cada uno...aunque precísamente por eso, a veces ayuda soñar.

Dhavar said...

Mary:

Touché.(Y mucho).Mi ordenador ha hecho puf y ha muerto.Escribo esto abusando de mi vecino.Entre semana podré sacar huecos en la oficina.

En los lugares "hechizados", como un Hospital, hay una gran concentración de Héroes que no saben que lo son.En estos años, tanto en UCI como en Planta-Sección Infantil del Hospital-, he conocido un buen número de ellos, que además eran todos bajitos, no locos bajitos, sino Héroes bajitos.
El Humor, tan distinto del sarcasmo del protagonista de serie negra,fluye naturalmente, a pesar de todo y contra todo, cuando en la vida de cualquiera pesan lo suficiente dos cosas:La Humildad, en el sentido de Chesterton, que los niños tienen a raudales- y el Amor, también en la forma básica, sencilla y elemental de querer a los tuyos y ser querido por ellos.
Entonces la vida no es un PLan, ni una cadena de objetivos, ni un monumento al Yo, sino una aventura, atroz unas veces, magnífica otras, misteriosa siempre, una experiencia abierta que empieza y acaba cada día.
Un día descubres que lo único que te llevarás, que ganas siempre y no se pierde, es lo que hayas "cogido" de cada ojo que te hayas cruzado.
Vaya sermón.Pero es que no sabía que pensaba así.
¿Has probado a leer una gramática o un texto sobre apicultura para salir de la mazmorra del insomnio?(aunque corres el riesgo de aficionarte a la apicultura o la gramática)
Abrazo

Mary White said...

Dhavar, es una ocasión estupenda para cambiar de ordenador :)

Clandestino said...

Mary.

No seas insensible y desagradecida.

A Dhavar se le escoña el PC, y le pide un favor al vecino para ofrecerte, y compartir con todos, unas experiencias y sensaciones hermosas sobre escenas de vida genuinas y en estado puro, recordando que existen y que no hacemos nada por conservar o prolongarlas, y lo único que se te ocurre es decirle que cambie de ordenador.

¡Pero mujer! Su feliz disertación tocada de sensibilidad en sintonía con lo más auténtico del ser, justo antes de su habitual proceso de ajamiento infecto y corrosivo, que como a todo quisqui, a esos niños tambián les espera como herederos y consumidores de nuestra basura política y social, merece al menos un silencio de sintonía y afirmación, a falta de un gesto de respetuoso agradecimiento.

Cualquier cosa menos esa recomendación tan comercial, fría y materialista de mandarlo de compras.

Creo que le debes... ¿una disculpa?