19 April 2007

Cui bono

La queja es una expresión de dolor, pena o resentimiento. Sirve para que quienes te rodean hagan algo y también para liberarte, en parte, del sentimiento: es catárquico. Sin embargo, no siempre la gente de tu entorno puede hacer nada. Y quejarse delante de los que están como tú es una estupidez. Por eso, las injusticias vividas en grupo, suelen ser silenciosas. Todos estamos igual, nadie puede hacer nada, mejor nos centramos en otra cosa, hablamos del tiempo, del camarada Mao, del compañero Fidel.

Manejar la queja de la víctima hacia el lugar equivocado es el colmo de la manipulación. Debe llevar su trabajo. No tanto por la víctima. Si la coges a tiempo será capaz de echarle la culpa de su infortunio a los dioses o a su signo zodiacal. El ser humano es así. Necesita restaurar el equilibrio, tener una cara, un nombre, alguien en quien descargar el resentimiento que inexorablemente aparece cuando te sientes maltratado, abusado, agredido de obra o de palabra. Es casi preferible echarse la culpa a uno mismo y cargar con la culpa para siempre: me lo merezco. Señalar con el dedo a un inocente para despistar a la víctima en esos momentos es ser muy mala gente. La víctima no lo va a dudar. Los amigos, familiares y cercanos a ella, probablemente se dejarán llevar de la indignación general y creerán el embuste. Pero hay que convencer al resto, y lo mejor es dejar que sea la propia víctima engañada quien asegure que el culpable es aquel que le indicaste malévolamente.

La cosa se agrava cuando hablamos de un abuso, agresión o maltrato colectivo. Entonces hay que echarle imaginación y mucho tiempo para convencer a todos de que el culpable es un inocente. La psicología social te enseña que no es tan complicado: basta con que los líderes, se lo crean o no, sepan transmitir el mensaje. Líderes políticos, líderes sociales, líderes de los mass media, líderes de la juventud... todos al servicio del mismo objetivo: convencer a las víctimas que el culpable es otro.

Esa es la situación en que vivimos. Somos víctimas de un robo, de malos tratos físicos y psicológicos, de abuso de poder, y nos han convencido de que "alguien" tiene la culpa de eso. El marxismo y los sistemas totalitarios identifican al agresor como una clase social, la explotadora, y es fácil desmontar el engaño solamente con la lógica más básica. Pero nuestra nunca suficientemente ponderada y alabada democracia occidental ha pervertido aún más el montaje y ha conseguido convencernos de lo imposible: los culpables somos nosotros.

Para destapar la manipulación soterrada del los poderes públicos no hay más que preguntarse a quién le beneficia (cui bono?) y la respuesta sale a la luz.

Somos víctimas de un robo. Los impuestos, que en la más ingénua de las explicaciones, surgieron para sufragar la financiación de bienes y servicios comunes mediante la gestión estatal, se han convertido en un robo "autorizado", a la luz y coactivo. Los ciudadanos más productivos trabajan para cubrir las necesidades de todos los demás. Cierto que el argumento es que los mantenidos son más débiles, los que parten de la peor situación. Y realmente las campañas de sensibilización te hacen sentir como un canalla si te quejas por financiar pensiones no contributivas, escuelas estatales, subsidios a las pobrecitas mujeres inútiles e incapaces, y cosas así. Por eso es autorizado, pero no deja de ser un robo. Se nos olvida lo principal: me sustraen mi propiedad, el resultado de mi esfuerzo y no es con mi consentimiento, es con su coacción.

Esa es la manipulación. ¿A quién beneficia que haya impuestos? Fácil: al recaudador. Que no es un capitalista privado, no somos las pobrecitas mujeres inútiles e incapaces, ni nadie más que el Estado. Luego, los políticos del gobierno que sea, sin importar el color o el credo van a estar interesados en hacer las cosas más enrevesadas para recaudar más: es su alimento. Y como nunca van a decirlo directamente se pondrán por delante a los necesitados o a quien conmueva más y nos dirá RECAUDO PORQUE TENÉIS NECESIDADES QUE QUERÉIS QUE CUBRA. Y si discrepas te acusa de insolidario, y todo el mundo te mira mal.
Si predicas la insumisión fiscal eres víctima de un robo acusada de ladrona.

Somos víctimas de malos tratos físicos y psicológicos. Sobre todo psicológicos. Los físicos en nuestro occidente civilizado se reducen a una porción de la población nada más, pero según dónde viajes, no mires muy directamente a los ojos de la policía, puedes llevarte una sorpresa. Abuso físico es que te zarandeen cuando te detienen, que te apliquen corrientes cuando estás indefenso y no eres nada más que sospechoso, los registros arbitrarios con palizas y violaciones a las prostitutas. Los psicológicos son sutiles. Cuando Hacienda te tiene que devolver dinero pero no lo hace porque tienes que demostrar que tienes hijos, o que estás divorciada, o algún dato que ellos tienen en su base de datos, y te das cuenta de que en realidad lo que te devuelven es lo que te han robado de más de tu trabajo ese año, para financiar cosas que te parecen inmorales, y te miran como a un bulto sospechoso porque vas a reclamar, algo huele fatal. Cuando todo el mundo tiene asumido que debemos contarle al Estado qué hacemos en internet, cuándo y con quién, el estado de mis cuentas corrientes, cómo me gano la vida y en qué invierto, algo huele fatal. Cuando todo el mundo parece entender que el Estado está autorizado y tiene la potestad para decir qué comes, cómo tratas tu cuerpo, qué haces en la cama (una politiquilla me cuestionaba que defendiera la libertad de un adulto para preferir el sado), si compras mucho o poco y en qué época del año... algo huele fatal. Y lo llamativo es que todo el mundo parece entenderlo, que todo el mundo lo acepta de buen grado, que la gente se queja medio en broma pero traga, que nadie se niega.

¿A quién beneficia que el Estado tenga cuanta más información, mejor, de los ciudadanos?¿que los gustos y consumo de los ciudadanos sean maleables?¿que las autoridades puedan decidir si puedes fumar, meterte una raya, o pirulas, o comer claveles, o practicar el sexo con una tribu de pigmeos? Al Estado: la información es poder. Y el control del consumo y de los gustos es recaudación y permite que las empresas que producen y comercian con los bienes prohibidos y con los promocionados te deban un favor o estén dispuestos a venderse y deberte un favor.
Pero si decides fumar, no dar información, o no dar explicaciones de qué haces y con quién, eres acusado de antisocial, si rechazas los "cuidados" del Estado eres acusado de perjudicar a la sociedad.
Eres víctima de maltrato y manipulación psicológica acusada de díscola.

Somos víctimas del abuso del poderoso. El poderoso es quien tiene las armas. En los días que corren, no voy a meterme en el barro de locos con pistolas cazando bambis indefensos y vulnerables, por el campus universitario. Jorge Valín, Anthony Gregory, Karen de Coster, Manuel Lora y muchísimos más han tratado el tema, se han planteado cómo se podría haber evitado y han llegado todos a la misma conclusión sustentada en hechos similares ocurridos en el pasado, que terminaron de manera bien diferente, afortunadamente. Siete palabras: una Glock se combate con otra Glock (Oliver Laufer dixit). Pero nos han hecho pensar que si nos quitan los grilletes cualquier cosa terrible va a pasar. Si hay droga legal todos vamos a pasarnos los días colocados con lo que sea viendo dragones azules volando por los pasillos; si se legaliza la prostitución las calles de su ciudad y de la mía van a llenarse de prostitutas de lo peor como las tiendas se llenan de gente en tiempos de rebajas; si se legaliza la tenencia de armas vamos a matarnos a balazos por las esquinas como si viviéramos en un juego de ordenador. Pero seamos serios. La realidad es otra. Un vecindario en el que las personas honradas pueden defenderse como elijan es un vecindario seguro, primero porque es disuasorio para los delincuentes, y segundo porque el ladrón que entra, no sale y si sale no repite.

¿A quén beneficia que los ciudadanos no estén armados, no tengan capacidad de defensa y necesiten a quien sí tiene las armas y el monopolio de la defensa? Al Estado monopolista de armas. Y si se te ocurre decir en alto que vas a enseñar a disparar a tu hijo de diez años, la gente se echa las manos a la cabeza y a lo mejor hasta te ganas una denuncia. Si te atreves a decir en alto que los ciudadanos tenemos derecho a tener y portar las armas a la vista de todos (que es mi opción personal) te acusan de loca, de violenta, de incitar a la violencia.
Eres víctima del abuso de quien monopoliza la violencia y a la vez acusada de violenta.

La gente está tan acostumbrada a no hacerse responsable de sus actos, de sus aciertos y de sus equivocaciones, y delegar esa función esencial de la acción humana (el ejercicio de la responsabilidad como base de la libertad individual) en quien se presenta como benefactor, cuidador, responsable de nuestros actos por nuestro bien, que nos hemos vuelto una sociedad pasiva. Cualquier persona pro-activa es sospechosa de radical, exaltada, extremista. Mejor la moderación de no hacer nada, de seguir mirando al techo dejando que la situación se perpetúe, creyendo que el robo es por nuestro bien, que la limitación de la libertad de expresión es por nuestro bien, que el control estatal sobre los actos e intenciones individuales es por nuestro bien. Pero... ¿cui bono?

El primer paso para acabar con el abuso es la auto conciencia de estar siendo abusado. El segundo, la denuncia. El tercero, la evitación. Y todo ello nos beneficia a todos y cada uno de nosotros, y a nadie más.

8 comments:

valea said...

Meri,

nuevamente tengo que felicitarte por esta -más que acertada- entrada. FANTÁSTICA de veras.

Dos preguntas:

1. totalmente de acuerdo con la insumisión fiscal. Pero... ¿hasta dónde? ¿Qué parte sí y qué parte no pagar? ¿Qué hacemos con los free riders?

2. De portar ese arma a la vista de todos... ¿cuál elegirías?

Y te tengo que dejar, porque el dragón azul del pasillo se está comiendo las cortinas... Ahora que lo pienso... en mi casa no tenemos cortinas

Libertymad said...

¡Enhorabuena! ¿Dé quién es el cuadro? Parece de un prerrafaelita, ¿Everett quiza? Eres divina.
Lmargol.

jamptype said...

Estupenda pelirroja la de Collier... añadido tu blog a favoritos, LG, y saludos, LM

Ismael said...

Sin duda, lo que teme esta gente no son ni las armas, ni las drogas, ni las prostitutas, sino que pueda haber personas libres, responsables y que acepten un nivel de responsabilidad individual que ellos serían incapaces de soportar. Estas personas son, desde mi punto de vista, nuestro fracaso como sociedad.

Salud y libre comercio.

Mary White said...

Valea, ¿qué hacemos con los free riders? no lo sé aún... (ya sabes que no me asusta la incertidumbre, puedo vivir sin saberlo todo). Prefiero opinar cuando lo tenga más claro. ¿Qué se hace ahora? Porque no está resuelto tampoco.
Insumisión total.

Aprendería a manejar armas, como paso previo, y luego ya veríamos cual. Probablemente me dejaría aconsejar.
Margol, gracias por tu apoyo incondicional! :P
Saludos A.M.!

Libertas said...

Excelente entrada y excelente blog.
Ya nos iremos leyendo.

Libertas said...

Por cierto, me sonaba mucho lo de Mary White y no sabía de qué, acabo de recordar que era de un comentario muy acertado sobre las feministas que dejaste en mi blog:
http://libertas73.wordpress.com/
Te añado a mis enlaces porque sospecho que coincidiremos bastante y además me gusta mucho tu tono de mujer independiente, en las antípodas de las feministas de cuota.
Si no la conoces, te recomiendo que busques información sobre Wendy Mc Ellroy, una feminista libertaria, creo que te gustará.

Mary White said...

Gracias Libertas, te añado yo también. Conozco y sigo a Camille Paglia, Wendy McElroy, a Claire Wolf, y a alguna más. Son un descubrimiento reciente, pero ponen palabras a lo que siempre he pensado. Fenómeno que de unos meses para acá no deja de sucederme... :)