28 June 2009

El valor de la palabra dada


Recuerdo a mi padre mirarme fijamente cuando era una niña y preguntarme "¿Me das tu palabra?". Esa pregunta significaba que si mentías te convertías en el ser más despreciable de la tierra. Me enseñaron el valor de la palabra dada. También es verdad que la misma persona me contó que un ratón se llevaba mis dientes y me dejaba regalos, y aún hoy mantiene que tiene 189 años y es extraterrestre, no humano. Por supuesto le sigo la corriente para desesperación de mi madre que no entiende el "humor Blanco". Yo también le contaba medias verdades para zafarme de su rigidez (que, por otro lado, no le sirvió tanto como él creía, y así se lo demostré). También es verdad que a mi hermano le "pedía" su palabra de hombre y a mi solamente mi palabra. Creo que ese fue el origen de mi tendencia feminista.

El caso es que a mi padre le basta con que le diga "te doy mi palabra" para que él tenga la certeza de que yo creo cierto lo que estoy diciendo, o que el hecho que le estoy contando sucedió como digo. Y creo que esta educación es el origen de mi perplejidad actual.

No solamente los políticos tienen permiso de la ciudadanía para mentir. Los hombres de Estado las usan como herramienta, como cuestionaba Hannah Arendt en Verdad y Política. Y hoy en día la cosa va más allá. Resulta que un niño jura ante la Biblia en un Tribunal y lo "normal" es que no creas al niño. Hablo del asunto tan feo de los abusos supuestos, afirmados, retirados, retractados... de Michael Jackson a un niño. Es que ahora con 26, el entonces niño hoy joven, se retracta, confiesa y se arrepiente. ¿Y por qué no lo hizo hace seis meses para que el cantante disfrutara de la rectificación? Dudas... quién puede fiarse de la palabra de ninguno de los dos, incluso con un juramento por medio. Y, sobre todo, y para centrarme en el tema que señalo, qué dice eso de nuestra sociedad.

El maquillaje de estadísticas, las propuestas que se sabe que nunca se llegarán a realizar (como la reforma del sistema de autonomías, que un diputado me aseguró que se había propuesto con la idea de que la crisis, el verano, los impuestos, y todas las demás cosas hicieran olvidar la promesa hecha a los ciudadanos)... son moneda de pago que la gente de a pié vemos pasar como quien mira por la ventana del tren y ve los árboles pasar. Con indiferencia.

Y aún podemos estirar más la reflexión. Resulta que la Constitución, la ley de leyes, la meta-norma, la que sustenta el pacto de nuestras sociedades democráticas, logro del que nos sentimos tan orgullosos, es un conjunto de letras agrupadas de manera que se formen frases con sentido pero que no tienen un correlato con la realidad, ni se pretende seriamente cumplir. En España la cosa es algo sofisticada, porque tenemos un Tribunal Constitucional, y otras instituciones que aportan una apariencia de complejidad que confunde. Parece que va en serio, pero no.
Por eso es bueno analizar con cierta frialdad lo que sucede en Honduras. Resulta que hay una Constitución que prohibe ser cambiada en ningún caso, no permite reformar la ley sucesoria, ni que detengan antes de las seis de la mañana (eso es respetar el sueño), etc. Supongamos que estamos de acuerdo con que es una Constitución demasiado rígida. ¿Es motivo para saltarse a la torera esa Constitución no por clamor popular sino porque un presidente quiere ser Chávez el Vitalicio? Y una vez que el Tribunal Supremo (supremo... no hay instancia judicial más alta) sentencia que esa propuesta del Presidente es ilegal, cuando el Presidente se la juega e incumple el mandato Constitucional y el judicial... ¿es legítimo detenerle saltándose la Constitución que se pretende defender? Si no fuera tan terrible parecería un guión de Groucho.

Las Constituciones ya no son lo que eran, no se respetan. Se utilizan para seguir medrando, para permanecer en el poder, para echarle culpas al partido que te hace sombra, para meterle el dedo en el ojo a quien te toca las narices... pero de meta-norma y base del consenso (a la Buchanan-Tullock) nada de nada.
Lo mismo se puede decir de la democracia, ¿qué valor tiene esa palabra después del uso que hacen de ella tiranos como Chávez, Castro, Ahmadineyad+Moussavi, y tantos otros? ¿qué sentido tiene ser demócrata-de-toda-la-vida con el significado tan ridículo que tiene hoy en día en el ámbito internacional?. Ya solamente queda el significado particular que cada cual quiera darle a su "sueño": liberación, fin de la dictadura, paz social... ¡vaya usted a saber! Pero, en realidad, es una palabra vacía.

¿Dónde queda el valor de la palabra? Para mí, es una de las cosas que hace a una persona más valiosa frente a otra. No es mi culpa, es todo culpa del extraterrestre de mi padre. Como todo lo demás ; )

13 comments:

A. Chena said...

Mi trabajo consite en ejecutar las medidas impuestas a menores de edad (eufemismo para no decir penas), así que tengo relación con esos jovenes y te sorprenderías al saber el grado de manipulación y mentira de que son capaces. Esa es la peor consecuencia de este sistema, se está "educando" una generacón de personas mentirosas y siempre dispuestas a engañar o a sacar beneficio sin esfuerzo alguno. En fin...

Estoy de acuerdo en lo que dices salvo un poco en lo relativo a Honduras. Si el presidente ha cometido un delito y la acción del ejercito es una detención, ¿por qué se le expulsa del país? Lo lógico sería que se le juzgase.

Clandestino said...

"Las verdades son solo palabras que puedes creer o no", decía Mari Trini en una de sus bonitas melodías.

Hay gente seria y hay palabreros. Las palabras tienen el valor de los actos que respaldan. La justicia no juzga las palabras, sino los hechos que avalan o las consecuencias que de ellas se derivan.

Palabras que no constaten el valor real de los actos que relata su orador, solo son palabras, tan hueras como la persona que las pronuncia. Lo extraño es cuando es de conocimiento público la condición de embustero de algún que otro presidnete de gobierno y la gente esté encantada con el mentiroso que los estafa. Eso es de siquiatra.

Democracia nos es una palabra. Es acción o nada. Es ejercer la acción de control sobre el riguroso cumplimiento de deberes, sobre los diferentes poderes que gestionan el interés general y los servicios comunes de la nación, desde el respeto al estado de derecho. Es la salvaguarda de las garantías del estado de derecho. En Honduras se han activado las alarmas y se han articulado los mecanismos de control específicos para impedir el abuso de un poder en detrimento del estado de derecho, y se ha hecho de forma impecable y ejemplar. Sacar al presunto golpista Zelaya, del país, se justifica con evitar el posible amotinamiento de sus incondicionales.

Las múltiples voces que piden el retorno del golpista Zelaya, se explican con que la inmensa mayoría de los estados "democráticos" están en manos criminales haciendo un uso criminal del mismo. Ninguno reconocerá nunca la legitimidad de una actuación democrática de libro, como esta, que tan magníficamente han llevado a cabo en Honduras pero que les deja a todos los demás con sus presidenciales traseros al aire.

Muy inteligente tu padre al no pedirte nunca tu 'palabra de mujer'. Claramente se fiaba más de tí que de tu hermano. A él necesitaba aumentarle la cuota de compromiso, haciendo que avalara su palabra, con su dignidad viril. No has sido justa 'guardándosela'.

William Gilmore said...

Hola, Mary. Soy wg. Te dejo la dirección de mi nuevo blog de filosofía, recién inaugurado. Para que te des tus vueltitas de vez en cuando. (Soy el mismo de Libertarios mexicanos)

La filosofía no sirve para nada

Tumbaíto said...

Todos sabemos que somos mendaces, pero eso no es importante para creer a los demás, pues no creemos a los demás porque les creamos veraces.

Parte de nuestra mendacidad consiste en atribuir verdad a las palabras de los demás.

¿Pensaba acaso, Lady Mary, que el mendaz sólo atribuye verdad a sus propias palabras?

Clandestino said...

Tumbaito

Atribuir verdad a las palabras de los demás no tiene nada que ver con la mendacidad, sino con la confianza.

El mendaz nunca atribuye verdad a sus palabras, ya que sabe que miente, sino que pretende que se la atribuyan los demás. Tampoco debemos confundir el error, con la intención de mentir. Cuando alguien ofrece "su verdad", aunque esté errado, no miente al creer en lo que dice. No hay intención ni interés en mentir. Por tanto no es mendaz.

Tumbaíto said...

Cuando nos engañan tomamos una proposición falsa por verdadera. Como la proposición es falsa, entonces sólo puede serle atribuida.

Si en el asiento registral de un varón escribo: mujer. Le estoy atribuyendo la veracidad de de la que goza el registro a una falsedad. ¿Y si se hace por error? Pues miente involuntariamente, eso es equivocarse.

Naturalmente la veracidad de la que goza el registro es uno de esos casos en los que mentimos atribuyendo verdad a palabras ajenas.

Ahora bien, la confianza en el registro es lo mismo que nuestra creencia en que el registro es veraz.

Dhavar said...

Si "te veo el jueves a las 10h" es sólo una referencia, y hay que interpretarla, y de ahí para arriba,y es lo que está pasando, nos queda olernos, intuirnos y...partirnos la cara a todas horas.

Anonymous said...

La tuya, me consta, vale bien poco...

Mary White said...

A. Chena, respecto a Honduras también estamos de acuerdo, simplemente me asombra que la "comunidad internacional" solo vea la mitad: todos se saltaron a la torera la constitución.

Clandestino, no era esa la razón, pero me gusta tu punto de vista. Se lo pregunté, claro. :))

Hola wg, te guardo en mi reader, gracias por avisar!

Dhavar, estoy contigo.

Anónimo, encantada de tenerte por aqui.

ECO said...

Excelente reflexión , cada día hay menos constitucionalistas en España, menos dirigentes políticos que comprendan el valor de la Constitución y respecten su contenido.

Lo ocurrido en Honduras puede significar dos cosas , un burdo montaje pactado por todos los actores , de esos a los que nos tienen acostumbrados los dirigentes latinoamericanos siempre poco partidarios de las reglas de juego propias de toda democracia, o que el presidente Zelaya no tenia ningún poder , carecía de respaldo social , por no tener no tenia ni siquiera seguridad personal ni servicios de información, pues sino le hubieran defendido o sacado del país de otra forma, un presidente que es sacado de su país en pijama sin que peguen por el ni siquiera un tiro no debe ir en busca de ayuda a Naciones Unidas sino pensar en dedicarse a otra cosa en
otro país.

El problema del valor de la palabra es que tiene que ser reciproco, algo similar a lo que ocurre con la fidelidad , cuando uno rompe dicho pacto de amor o de respecto a la palabra el otro tampoco se siente en la obligación de cumplirlo generándose un efecto bola de nieve de continuas falacias.

Clandestino said...

Tumbaito

Así es.

Solo pretendí aclarar que el mendaz es el que miente. El que lo cree, puede ser confiado, ingenuo, ignorante o necio, aunque con la que está cayendo también puede merecer consideración de estúpido. En cualquier caso cuestionar la veracidad de alguna afirmación siempre estará sujeta al conocimiento o sospecha de algún interés que justifique la mentira.

En principio nadie tiene una razón para cuestionar la veracidad de ningún registro, más allá del posible error.

Si me dices que tu nombre es Juan, no veo razón para no creerte, porque no no veo o conozco interés que beneficie tu mentira. Pero si me ofreces por 5.000 €, un sobre repleto de 'estampitas' de 500 €, puedo ser un estúpido y 'comprártelo', o sospechar e inmediatamente llamar a la policía.

Extrañamente son muchos millones de estúpidos los que optan u optamos, por 'comprarle' el sobre repleto de estampitas, a la casta política profesional, que solo vive de eso.

Dhavar said...

Anónimo:
El "valor de la palabra dada" incluye el valor de responder de ella identificándose.

Lucio Quincio. said...

Parece mentira que muchos no sepan que hoy en día los genuinos dictadores ya no se hacen con el poder con cuartelazos o revoluciones bananeras sino que utilizan la democracia. Es decir, el fusil de asalto AK-47 lo han sustituido por la demagogia, cambiando la legalidad vigente a capricho. Actualmente todo se hace con más sutileza.

Sin embargo, en toda democracia existe una regla básica de autoprotección, es decir, Yo, perdedor de las elecciones, acepto que tú gobiernes, resignándome a hacer una oposición pacífica, siempre que tú respetes las reglas del juego que garanticen la limpieza electoral y las libertades y derechos que a mí me permitirán gobernar alguna vez. Es obvio que si una de las partes no respeta la regla básica expuesta es que quiere gobernar de una forma totalitaria, quedando la otra parte liberada, a su vez, de respetarla –en otro caso quedaría en desventaja y forzada a acatar la arbitrariedad–, por lo que se iniciaría una fase de convivencia violenta.

En base a lo que he expuesto nunca la democracia puede funcionar si sus principales partidos políticos no aceptan las reglas básicas democráticas, normalmente incluidas en las constituciones. Y no me vale lo de cambiar la Constitución a capricho para justificar que lo que haga el dictador sea bueno. Un ejemplo: Yo que tengo mayoría parlamentaria cambio la Constitución para ser elegido Presidente Vitalicio y con poderes absolutos ¿Es ésto democrático para ti?

La democracia descansa en el supuesto de que la mayoría de los ciudadanos no votará a un partido contrario a las libertades; y por lo común así ha ocurrido pero no siempre. Hitler obtuvo el poder democráticamente afirmando que no iba a eliminar la Constitución, sino a interpretarla de manera más “profunda”, más “generosa”, dirían otros ahora. Lo mismo está ocurriendo actualmente con gobiernos como el de Venezuela, Bolivia o Ecuador y que pretenden extender su cáncer ideológico a Honduras. Dicen representar al pueblo y llegados al poder por medios democráticos enseguida comienzan el proceso de demolición del sistema de libertades. Estos hechos vulneran gravemente las reglas del juego democrático.

Así vemos que gobiernos opresores muchas veces son el resultado de elecciones democráticas y una democracia opresora no resulta menos abusiva que una dictadura, sólo que su despotismo suele ser menos visible. La técnica totalitaria es la siguiente: cuando un dictador empieza a gobernar en una democracia siempre se apresura en apropiarse del control de los medios de comunicación, de la economía, de los medios productivos, así como de la educación. A pesar de que el dictador afirme que se legitima en su elección democrática sigue siendo un dictador, incluso aplaudido y admirado por otros aspirantes a dictador que también se ocultan detrás de las urnas.

En regímenes dictatoriales depende de la sociedad civil que los ingenieros de mentes no se salgan con la suya. Si lo consiguen, los ciudadanos del futuro no sólo no serán libres sino que nunca habrán tenido la oportunidad de serlo.


www.lodicecincinato.blogspot.com