5 January 2010

El trampantojo socialista





Un trampantojo (o trampa ante el ojo) es una técnica pictórica que intenta engañar a la vista jugando con la perspectiva y otros efectos ópticos. Si algo ha quedado claro a lo largo del terrible año que hemos dejado atrás hace menos de una semana es que la política del presidente del Gobierno español es exactamente eso: un trampantojo. No creo que haya nadie que siga defendiendo la buena fe y el idealismo de Rodríguez Zapatero; es demasiado evidente que lo que anima cada movimiento de su equipo es engañar al público.
Desde la ley Sinde hasta las bombillas de Sebastián, pasando por las torpezas de las rubias de oro (Aído y Pajín), la sensación es que, más allá de su inicial pretensión de guiar el destino de España hacia algún lugar concreto, las medidas de Zapatero y sus muchachos responden estrictamente a un intento permanente de ocultar rotos y zurcidos. Las cortinas de humo, sin embargo, no han logrado evitar que los ojos europeos se fijen más en los datos del paro que en el "ingenioso" teléfono del maltratador; en el creciente endeudamiento público que en la alianza de civilizaciones. No hay que olvidar que las meteduras de pata en el ámbito internacional han ayudado a que la mirada de Europa se endurezca. La prensa europea ya barrunta algo de lo que nos espera. De manera que la pintura que trata de simular lo que no existe en el trampantojo de Zapatero es un Mr.Bean que enarbola grotescamente una banderita azul con un puñado de estrellas doradas formando un círculo.
Pero incluso si me equivoco y no se trata de un titánico esfuerzo de maquillaje y nuestro presidente tiene un objetivo prudente a la vista y la sana intención de guiarnos hacia él, no me vale. La intención es estéril en este ámbito, lo que sirve son los resultados. Y los de Zapatero son difícilmente empeorables.
Thomas Sowell explica en su libro A Conflict of Visions los diferentes resultados a que conducen dos visiones opuestas de la naturaleza humana, en concreto, aquella que contempla las limitaciones humanas como un dato más, y la que, por el contrario, considera que el ser humano es capaz de aprender de forma ilimitada. Para quienes defienden la primera opción, como Adam Smith, Edmund Burke o John Locke, lo mejor que podemos hacer es minimizar los errores a que conducen esos vicios, en vez de fijarnos metas inalcanzables. Su propuesta consiste en crear entornos y promover comportamientos virtuosos mediante los incentivos adecuados, incluso si de esa manera la virtud se ejerce sin intención. Por otro lado, quienes creen en la perfectibilidad ilimitada del ser humano, como Thomas Paine, Godwin, Rousseau o Condorcet, no aceptan más que el comportamiento virtuoso intencionado. Así se empeñan en desbrozar las causas de las guerras, la pobreza y el crimen, y en ofrecer una solución que lleve al comportamiento virtuoso de la sociedad.
Esta segunda corriente es la que inunda el pensamiento filosófico-político de nuestro país por obra y gracia de la Revolución Francesa. Para quienes se sientan atraídos (espero que momentáneamente) por esas ideas, simplemente quiero recordar que Robespierre esperaba acabar con el baño de sangre al que sometió a Francia tras los primeros momentos de la Revolución "cuando todo el pueblo se haya convertido en igualmente devoto de su patria y de sus leyes". Esa es la realidad más extrema a la que conduce la visión no restringida de la naturaleza humana. Repito: la más extrema. Pero las menos son igualmente ineficientes. Y, en grandes rasgos, esa es la filosofía que subyace a la política socialista (de todos los partidos). Se trata de dirigir la moral ciudadana a golpe de ley, de restricción, erigiéndose en poseedor de soluciones, encaramado en la máxima soberbia que consiste en creer que uno sabe lo que los demás necesitan, anhelan, desean. Y, a partir de ahí, me da lo mismo si la ley pretende que seamos santos o que seamos demonios. Desde mi punto de vista, es una visión del hombre que lleva indefectiblemente al fracaso, por más que se presenten las mejores intenciones como tarjeta de visita.
¿La razón? La ley de las consecuencias no queridas, el orden espontáneo, la naturaleza imprevisible del hombre. En plata: que no se puede meter el mar en un vaso de agua. Lo otro, la planificación desde arriba, la ingeniería social, la hipocresía moral, llevan a lo que ya sabemos: a la erosión de la responsabilidad, a la disminución de la libertad real, a la perversión de las conciencias, a la expulsión de la moral individual.
Estamos avisados.

4 comments:

Carolus said...

Un trampantojo engaña a la mente por medio de los sentidos. El cerebro tiende a completar la información incompleta, y a eso juega ZP, Rajoy y los medios de comunicación. Excelente post, me ha gustado mucho. Feliz 2.010

Maria Mayela Garcia said...

no sé nada de la situación de España, te invito a que des un recorrido por la parte de politica de mi blog, así nos conocemos, ya veo contra de qué estás pero no sé qué propones a cambio

ovidio said...

Hola Mary White. Para empezar te he de felicitar por este magnifico artículo, sinceramente me ha gustado. Quisiera complementar o dar a conocer mi punto de vista sobre este apasionante tema.

La virtud, es una cualidad humana que se enmarca más en lo individual que en lo colectivo. Es a lo que aspira el individuo y admira la sociedad. Por eso Montesquieu la colocaba como principio democrático. Porque esos mismos valores individuales sirven a la sociedad para determinar la elección de sus lideres, o representantes políticos. Y en esto mismo se apoyaba para afirmar que el pueblo era suficientemente valido para dirigir el Estado. Es obvio que conociendo las virtudes de los candidatos, mayores garantías ofrecerán estos para su elección.

El problema es que esto no es una democracia, y nos encontramos con que Zapatero, Rajoy, y los demás lideres de los partidos políticos no tienen la legitimidad del pueblo, ya que no han sido sometidos a la evaluación de este para ser candidatos a entrar en el Estado.

La falsa creencia de que los partidos políticos son integradores de la sociedad en el Estado, nos lleva a la clasificación ideológica de la sociedad. Por eso vemos como partidos que creen tener mayor hegemonía ideológica, como el caso socialista, intentan crear ciudadanos prototipo acordes a ciertos valores generalistas y nada virtuosos.

“El conjunto de ideas individuales crea la idea colectiva y no es aceptable que la idea colectiva cree individuos de igual pensamiento”. (La máquina ideológica)
http://maquiavelo64.blogspot.com/2009/10/la-maquina-ideologica-y-la-no.html

En cuanto a Zapatero, yo creo que es un tonto que no sabe gobernar. Pero si sabe mantener su poder, aun en la precariedad. Porque el sistema también es propicio a la perpetuidad. El despotismo del caudillo que gana las elecciones es inmenso, no hay separación de poderes, no hay control alguno sobre el déspota. Por lo tanto ¿Quién echa al inepto de ZP?

Un saludo amiga. Y espero no ser molesto.

Cincinato said...

Martha Colmenares, una heroína del siglo XXI


Su bitácora representa esa bocanada de aire fresco que gran parte del pueblo venezolano, consciente de su lóbrego futuro, implora bajo la amenaza de ese sangrante populismo demagógico que lo arrasa todo. Personas valientes como ella representan ese frente de lucha honrada y pacífica que resplandece con fuerza en muchas partes de nuestro planeta plantando cara al discurso socialista caduco.

Dedicado a Martha Colmenares, una heroína venezolana

Continúo en mi bitácora: Lodicecincinato.tk